lunes, 26 de septiembre de 2016

La gente se ata a otras personas para poder ahorcarse mejor

"Te ves tan hermosa
cuando estás triste
que quisiera encerrarte
en una cajita de cristal
para que te quedes así,
infelizmente bella,
para siempre."

"Quiero plantarte en una maceta
en el jardín de mi casa,
regarte todos los días
para que crezcas fuerte,
pero que no puedas irte
a ningún lado jamás
a menos que yo te lleve."

"Me alegra que seas inseguro,
completamente imperfecto,
así no me siento menos,
así me ves superior,
y creés siempre erróneamente
que nunca vas a tener
a nadie mejor que yo."

"Y que llores por las noches
así espanto a tus fantasmas;
acariciar tu pelo
y decirte que todo
va a estar bien
es tocar el cielo
con el alma."

La gente se ata
a otra gente
para poder
ahorcarse
mejor.

Se regocijan en problemas ajenos
para ignorar los propios
por un rato más;
quieren protagonizar
el musical de tu vida
cuando no pueden ni silbar
la Oda a la Alegría.

-el 73% de las relaciones humanas me parecen algo enfermizo y horrible-

domingo, 28 de agosto de 2016

Mini

-mi amigo Chama compuso este temazo https://soundcloud.com/ivanjimenezchg/mini201 y por algún motivo le canté esto encima; creo que quedó lindo pero igual nunca van a escucharlo-

Ya no hago más
que ver atrás.
Quise escapar
a otro lugar
para no
encontrarte.

Y me seguís
no sé por qué
si podés ser
quien quieras ser
andá a ser feliz
por ahí.

Ya van tres años
te sigo esperando
y estoy cansado
de sentirme atado
a vos.



-por cierto, les cuento que el proyecto del libro sigue en pie; ya lo tenía editado y estuve recorriendo imprentas para plasmarlo de una vez, el problema es que las tiradas mínimas que me imprimen son de más libros de los que pensaba sacar (y de los que podría vender) así que obviamente el precio es mucho más caro, no por libro sino por la edición entera. ahora, de esto ya pasó su tiempo y seguí escribiendo algunas cosas que me gustaría incluir así que capaz le pegue una revisión a esa versión editada para incluir material nuevo. cualquier cosa, no sé, les chiflo-

sábado, 4 de junio de 2016

Pequeña Confesión al Pie de Página

alguna vez te dije
te conté
que cuando estoy triste
(más seguido de lo que parece
de lo que me gusta admitir)
juego mucho al Solitario Spider?
así corte compulsivamente
para no pensar
mientras escucho las canciones
que puntué con dos estrellas
porque capaz encuentro una
a la que antes no le di tanta bola
pero que en realidad era lo mejor
un temazo
obra maestra
y la mar en coche.

-una vez estaba tan bajón que me di vuelta el Portal 1 de corrido dos veces seguidas en una tarde, la primera en el modo normal y la segunda con los comentarios de los desarrolladores-

lunes, 21 de marzo de 2016

Luna y Sol

Si ella es la Luna
entonces yo
soy el Sol.
He dicho.

Blanca,
fría,
cambiante,
hermosa
y tan, tan
distante.

El calor,
la luz
con la que intento bañarla,
todo lo refleja;
lo regala a otros
que se enamoran de su pálido brillo,
de su mística de amante imposible
y perfecta a la vez.

Nunca una promesa de amor
se hizo en nombre del Sol,
todos juran o exigen la Luna.

"El secreto no es buscar
compañeros perfectos,
es convertirse en uno."
¿Cómo se supone que lo logre
si mi fuego todo lo mata
y soy consciente de que,
a cada segundo que pasa
estoy más pronto a convertirme
en una puta supernova?

martes, 15 de marzo de 2016

Tarde Fría de Verano

La puta madre.
Veranos eran los de antes,
cuando iba al club
en bici tipo dos de la tarde;
vos tomabas sol y yo
te jodía desde la pile,
y el boludo de tu hermano
que se hacía el malo con los más chicos.
Qué gordo gil, por Dios.
Y qué gil también yo
por enamorarme de vos
que tomabas sol en el club
y yo te jodía desde la pileta
para que me registres,
para que me ubiques;
y hoy,
tantos años después,
te quiero igual
(o capaz que más)
que en esos veranos de verdad
cuando iba al club en bici
y me bancaba al infumable de tu hermano.

-gente, qué tal, les cuento que estuve editando un poco el blog: saqué muchas entradas, casi la mitad, porque hace ya un tiempo las compilé a todas las que (a mi parecer) valían la pena en un pequeño librito. hace meses que lo tengo listo, desde noviembre de 2015, pero todavía no me acerqué a ninguna editorial/imprenta porque 1.tengo que averiguar sobre el tema de los derechos de autor 2.soy un pajero, sobre todas las cosas.
PD: esto no fue una entrada autobiográfica, iba al club cuando era un grasiento prepuber pero no es un recuerdo que guarde con nostalgia-

jueves, 20 de agosto de 2015

Lo Más Triste

Ella puso punto final a los juegos
pero él siguió contando los puntos
porque ya no podía olvidar las reglas;
y lo feo, lo más triste, es que
aunque jugaba solo,
todavía era él
quien salía perdiendo.

miércoles, 5 de agosto de 2015

No Puedo ser un Hijo de Puta (al Menos no Cuando lo Intento)

No Puedo Ser un Hijo de Puta (al Menos no Cuando lo Intento)

            Hacía ya casi un mes que no nos dirigíamos la palabra. Nada había pasado en realidad, simplemente desapareció de un día para el otro. Tal vez por eso mismo fue que resolví con una determinación que nunca me caracterizó el llamarla para acordar un encuentro, mas no lo hice sin pensar; no por haberlo resuelto decididamente iba a descuidar los pormenores de mi accionar. Con cuidado, marqué uno a uno los dígitos de su número de teléfono. No el del celular, claro: eso le habría dado la oportunidad de rechazar mi llamada tan pronto leyera mi nombre en pantalla. No tenía manera de saber si eso era lo que haría ella si decidía buscarla allí, pero pensé que lo más sensato era ahorrarme dicha posibilidad. Miré el reloj antes de presionar la tecla que daría inicio, con algo de suerte, a nuestra charla. Supuse que sus horarios no habrían cambiado mucho en tan poco tiempo; no tenían motivo para hacerlo, por lo que pulsé a la vez que apretaba los ojos. Una parte de mi determinación comenzaba a abandonarme, y casi lo hizo del todo cuando una voz de hombre me saludó al otro lado de la línea. Su padre insistía con sus “¿Hola?” y los eventuales “No se oye, ¿quién habla?” cuando decidí cortar la comunicación. Lo intentaría luego. Me desplomé en una silla y mis ojos pasaron perezosamente del teléfono a las agujas del reloj, del reloj a la ventana y finalmente retornaron al aparato que yacía burlón frente a mí. Insensato, acepté su desafío y marqué otra vez. Nuevamente, el hombre fue quien me atendió con un impetuoso “Hable”, el cual desobedecí colgando bruscamente.

            Forzado a buscar una alternativa, resolví hacer tiempo dándome una ducha. Si todo salía como esperaba, tras una breve conversación me pondría en camino a vernos y no quería hacerla esperar. Fui consciente de que estaba permaneciendo bajo el agua más tiempo que el que era realmente necesario, pero me dije a mí mismo que nunca podría estar demasiado limpio. Una hora después de mi primer intento, tomaba nuevamente el receptor tras haber marcado lento, casi con miedo. Estaba de pie, en ropa interior y recién afeitado cuando su voz llegó a mí como una descarga eléctrica; tuve que empezar a andar para que no notara cómo la ansiedad mordía cada una de mis palabras. Le expliqué -tan resumidamente como mi desmedida verborragia me lo permitió- que el tiempo sin saber nada del otro me había hecho pensar, y ella acotó que también era su caso; haciendo énfasis en ello le sugerí juntarnos esa misma tarde así podríamos conversar con mayor fluidez y claridad sobre las reflexiones que cada uno había hecho. No fue ninguna sorpresa para mí el encontrar que ella tenía libre ese hueco de su agenda; nunca había sido una persona muy ocupada. Para darle algo más de tiempo, le propuse pasarla a buscar y luego, una vez juntos, decidir qué hacer. La determinación que había perdido ese mismo día volvió a mí en forma de valor y confianza. Sin siquiera titubear, me puse mis mejores ropas y fijé mi rumbo hacia su dirección. A los ojos de cualquiera, estaba arreglado; a los suyos, mi imagen tenía tantas pequeñas señas que para ella serían tan evidentes como tener un tatuaje en el rostro que diga “TODO ES POR VOS”. La camisa que llevaba era la que ella me había ayudado a elegir tiempo atrás, la que -en sus textuales palabras- me quedaba “tan bien que dan ganas de arrancarla”; tenía puesto su perfume favorito, uno que alguna vez me entregó por compromiso un pariente lejano y resultó ser todo un acierto, y unos jeans gastados que usé la primera vez que salimos. Todo seleccionado cuidadosamente con el único fin de traer a su pensamiento recuerdos y sentimientos que tal vez empezaban a caducar.

            En el camino hasta su casa, tracé un nuevo plan de acción; barajé cada uno de los posibles escenarios y me quedé con el que me pareció más natural: llegaría a su puerta y la llamaría para hacerle saber que estoy afuera. Le ofrecería una media sonrisa al verla salir y la invitaría a tomar un café en ese bar francés al cual siempre dijimos que teníamos que ir y sin embargo nunca fuimos. Hasta llegar al lugar, tocaría tópicos triviales cuidando que sea ella la que más diga pero yo quien controla cada tema, y una vez allí ordenaría un cortado doble para mí y una lágrima para ella. Nos sentaríamos enfrentados en una pequeña mesa contra la pared y compartiríamos un breve silencio, las miradas de los dos buscando leer al otro a través de sus ojos; ese sería el preciso momento en el que debía jugar mi mejor carta. Temblé de la emoción de tan sólo pensarlo, pero continué repasando lo que tenía que hacer: rompería ese silencio cómodo cómplice de un suspiro, mi mano buscaría la suya que de seguro estaría descansando sobre la mesa, primero la acariciaría y luego la contemplaría a la vez que la tomaría para sentir su suave tacto de nieve, pero sobre todo para que ella sienta la seguridad en mi roce. Miraría con dulzura a sus ojos sólo para asegurarme de que tengo toda su atención, y luego volvería a enfocarme en sus elegantes dedos de uñas decoradas. Sin levantar la mirada, con falsa timidez le diría “¿Sabés? Creo… creo que te odio” y volvería a poner esa media sonrisa que sé que adora. Ella reiría, algo nerviosa quizá, segura de que es una broma y yo reiría con ella antes de continuar. “No, en serio” agregaría, cambiando bruscamente mi expresión, alzando la cabeza para que ella pueda estrellarse contra la dureza de mis ojos. Nuestras manos no se soltarían y, con la que aún tendría libre, empezaría a acariciar sus piernas por debajo de la mesa. Ella se volvería rápidamente, sorprendida en parte por lo inesperado del roce, en parte por darse cuenta de lo provocativo que le resultaba mi gesto. Ella no lucharía por soltar su mano ni quitaría la mía de sus piernas, no volvería a reír ni diría nada; ella no tendría ninguna de esas reacciones perfectamente lógicas y esperables de cualquier otra persona, sólo me escucharía continuar con lo que empezaba a decir. “Vamos, ¿me vas a decir que te sorprende?”, preguntaría volviendo a sonreír, “Además, ¿no es esto lo que querías? ¿No es por esto que te fuiste sin decir nada, dejándome solo y desesperado? ¿No me odiás, acaso, vos también a mí y por eso es que siempre me dejás queriendo más de vos? ¿Quién te creés que sos para jugar así conmigo? Y, ¿qué clase de estúpido soy yo, que te lo permito?”. Entonces, cuando las lágrimas asomen de sus ojos de ámbar, sería el momento de dar el golpe de gracia: “Pero, ya no más. Hasta acá llegué. Fui lo mejor que tuviste, y ahora vas a ver cómo me perdés” diría antes de marcharme y entonces nunca, nunca volvería a mirar atrás.

            Sin darme cuenta, ya me encontraba de pie ante su timbre. Estuve a punto de tocar, la cual habría sido la primera falta a mi plan, pero reaccioné a tiempo y me corregí. La llamé y en un instante la vi salir. Llevaba un vestido sencillo y el cabello recogido; se veía realmente bien, todo en ella parecía cómodo y natural. Me saludó alzando la mano mientras caminaba hacia mí con una sonrisa de esas cuya sinceridad nadie podría jamás poner en duda. Me acerqué a saludarla cuando estuvo lo suficientemente cerca, y entonces sus brazos me tomaron por sorpresa. Antes de poder darme cuenta, estaba descubriendo cuánto extrañaba tenerla acurrucada en mi pecho. Un momento después, alzó su rostro y yo corrí su pelo.

Ella me besó y yo la besé a su vez.
Lo demás ya no importaba.